Los que me inspiran


"Así, cada iglesia, cada religión, cada comunidad humana, es sólo un lugar de paso, una tienda sobre la tierra, para peregrinos que están en su camino a la ciudad de Dios." Bede Griffiths

"Debemos expresar apasionadamente nuestra visión y cada uno debe gritar del modo en que mejor sepa hacerlo" Ken Wilber



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paisaje 7

miércoles, 20 de julio de 2016

El misterio de la genialidad



   La genialidad es una capacidad extraordinaria para crear en ámbitos específicos obras, inventos, teorías, sistemas, concepciones, que son significativamente nuevos y revolucionarios en el ámbito humano.
   ¿Un genio nace o se hace? Las teorías al respecto mencionan diferentes factores, privilegiando unos u otros, desde las que ponen el acento en los factores genéticos, el nivel de inteligencia y otros rasgos hereditarios, hasta las que resaltan los factores de personalidad y la influencia de la educación y el medio ambiente. Por largo tiempo se asoció la genialidad con una inteligencia extremadamente superior a la normal, pero posteriores investigaciones demostraron que no necesariamente una inteligencia supranormal conduce a la genialidad (aunque una inteligencia elevada es un factor necesario). Y también están los que asocian la genialidad con enfermedades mentales, como el trastorno bipolar o la esquizofrenia. Pero si bien algunos genios tuvieron trastornos mentales, no es algo que se descubra en todos, ni mucho menos. Por ejemplo Mozart, reconocido unánimemente como genio, era un hombre bastante normal en los demás aspectos de su vida. Amaba a su esposa, con quien tuvo varios hijos; era muy sociable y apreciaba ciertos placeres como el juego y la comida; le gustaba leer  y se interesó por lo oculto, lo cual lo llevó a convertirse en masón.  

   Después de investigar un poco, he comprobado que aparecen un conjunto de factores en las vidas de los seres unánimente reconocidos en su genialidad. Inteligencia y  talento innato están siempre presentes, y el otro factor importantísimo es la creatividad. Porque lo característico de los genios es su aporte innovativo: descubren algo nuevo, diseñan nuevas teorías o explicaciones del universo, crean nuevas formas en el arte y la literatura, conciben originales visiones filosóficas y revolucionarios paradigmas. 
   Esta creatividad suele estar sostenida por una poderosa imaginación y una gran intuición, porque a la mayoría de los genios las ideas, sean artísticas o científicas, les llegan de un modo fluido, sin excesivo esfuerzo. Mozart escribía sus partituras de un tirón, en un tiempo brevísimo, y casi nunca corregía. Tesla tenía visiones, en las cuales aparecía un diseño que él luego concretizaba y convertía en un nuevo invento. Jobs, un genio contemporáneo de la cibernética y practicante del Budismo Zen, decía que la intuición era mucho  más importante que el pensamiento racional. 
   Entonces: talento innato, inteligencia, creatividad, imaginación e intuición. Pero todavía no es suficiente. Otro factor, que invariablemente encontramos en los genios, es el enfoque, la intensa atención a su trabajo creativo, lo cual nos llevaría a postular que para ser un genio hay que tener una personalidad bastante obsesiva. Si nos dedicamos a leer biografías de algunos seres reconocidos como genios, notaremos una dedicación permanente y concentrada en su tarea, a la cual dedicaban casi toda su energía y sin duda más horas de las que cualquier persona normal dedicaría. A veces descuidaban otros aspectos de la vida, como Newton, quien se olvidaba a menudo de comer o dormir. 
   Pero hay más… Ciertos rasgos de personalidad son una ayuda. Una elevada autoestima y una gran capacidad para concretar sus ideas y proyectos son imprescindibles, porque generalmente estos individuos singulares tuvieron que luchar con una gran oposición al principio, ya que la originalidad de sus visiones y/o creaciones chocaba con las ideas imperantes. Las ideas revolucionarias de Einstein no fueron aceptadas al inicio y el genio de la física tuvo que trabajar durante muchos años en una oficina de patentes, mientras desarrollaba sus ideas y editaba en forma modesta sus ensayos. Pero no todos los genios manejan adecuadamente los aspectos prácticos de la vida. Mozart, aunque ganaba muy bien, tenía constantes problemas económicos. Y también Wagner, quien tuvo una vida muy difícil durante muchísimos años,  hasta que encontró a Ludwig II de Baviera, su mecenas. 
   Esto nos lleva al papel que juega el medio ambiente, el entorno familiar y social, las oportunidades. Y en este aspecto no parece haber reglas. En el caso de ciertos genios, este aspecto fue positivo y esencial. Mozart, Chopin, Liszt y otros grandes de la música fueron precoces, pero todos eran hijos de músicos y sus padres pudieron percibir rápidamente el talento inusual de sus hijos y cultivarlo. Van Gogh no fue valorado durante su vida y si no fuera por su hermano (que lo apoyaba y sostenía económicamente y que además trabajaba en el comercio de las obras de arte), no habría legado al mundo sus cuadros. Pero también hay casos de genialidad en personas sin un entorno familiar y social estimulante o protector. Gauss, un genio de las matemáticas, pertenecía a una familia casi iletrada, pero él a los tres años ya sabía leer y realizar operaciones simples de aritmética. 

   Ahora bien, después de leer la biografía de muchos genios he llegado a la conclusión de que, a pesar de que podamos definir una suma de variables que siempre están presentes, la emergencia de un genio sigue siendo un hecho misterioso, como tantos otros en la criatura humana. Ninguno de los factores mencionados, incluso dándose juntos, garantizan que esa persona será un genio. Sí quizás talentosa, capaz y exitosa en su campo de actividad, pero no necesariamente genial. 
   Hay algo único e inexplicable en los genios, y es inasible. Sri Aurobindo (otro genio) decía que las grandes ideas llegan desde otros planos de la Conciencia y que sólo se trata de sintonizar con esos planos y manifestar esas ideas en el mundo. La relativa facilidad con la cual los grandes genios descubrieron y crearon abona esta hipótesis, que es compartida por las teorías místicas, universalistas y visionarias sobre la genialidad. Éstas afirman que el genio capta, experimenta y transmite con su trabajo al Espíritu Universal. 
  Einstein tenía una comprensión parecida. Aunque rechazaba las visiones más convencionales acerca de Dios, sí creía en la existencia de un Espíritu Universal de inteligencia infinita y en la perfección de las leyes que rigen al universo. Y mencionaba  cierta capacidad intuitiva capaz de leer la mente de este Espíritu Universal. Es conocida su réplica a los científicos que sostenían a la ley de probabilidad como importante en el funcionamiento del universo, diciendo que no podía creer que Dios jugara a los dados. 
 Y Newton, que era muy religioso y además había profundizado en la Alquimia, decía que él había nacido para comprender la palabra de Dios mediante el estudio de la naturaleza.  
  Y eso quizás son los genios: almas que encarnan para comprender la  palabra de Dios y traducirla a los demás, mediante sus sorprendentes descubrimientos y sus maravillosas creaciones.      

     
    


miércoles, 2 de marzo de 2016

Por qué amábamos las películas de Ingmar Bergman



   En los primeros tiempos de mi juventud, mis amigos y yo transitábamos por ciertas calles céntricas de Buenos Aires, donde además de innumerables cafés, conversaciones y disquisiciones, veíamos -en algunas salas de cine especializadas- películas de directores europeos que nos apasionaban y nos hacían reflexionar. Entre ellos, el que más nos fascinaba era Ingmar Bergman, aunque no sé si todos lo comprendíamos. Y hace poco tiempo pude reveer muchos de sus films (en YouTube), y así entender porque nos gustaba tanto.

   Sus temas esenciales son: la muerte, la existencia o inexistencia de Dios, el misterio de la vida,  la dificultad en las relaciones humanas, la soledad, la culpa y otros igualmente profundos. En "Luz de Invierno" el tema central son la crisis y las dudas de un sacerdote acerca de la existencia de Dios. En "Detrás de un vidrio oscuro" la búsqueda desesperada de Dios unida a la locura. En "El Silencio",  la existencia sin sentido. En "Gritos y Susurros", el dolor y la muerte unidos a la compasión y el amor.  

   Y mis conclusiones son que lo admirábamos y seguíamos porque sus películas, que muestran el silencio de Dios, la ausencia de Dios, etc, no son las de un ateo, sino las de un ser que desesperadamente busca a Dios… y no lo encuentra. Y esas obras reflejaban nuestra propia desesperación...

   Durante aquellos años, los jóvenes intelectuales del mundo local y nacional sólo creíamos en la revolución (era la visión del mundo que prevalecía),  y para los que de alguna manera (quizás muy inconsciente) estábamos buscando otras respuestas a nuestras inquietudes existenciales (respuestas que ni los pensadores de izquierda ni los existencialistas podían dar satisfactoriamente), las películas de Bergman señalaban algo que resonaba en nosotros y en nuestros inconscientes anhelos internos. 
  Eran años de total ateísmo en la mayor parte de la juventud (estoy hablando de mi país y de América Latina, porque en los países del norte ya soplaban otros vientos y ya eran muchos los que viajaban a la India en busca de respuestas), y esos films metafísicos nos acercaban, aunque fuera de un modo angustiante, desesperado y pesimista, a la existencia de una Realidad que estaba cubierta por muchos velos, pero que no obstante nuestra alma buscaba. 

  Aunque muchos de sus films son casi agónicos, en otros asoma la esperanza, que Bergman deposita en el amor y la compasión. En "Detrás de un Vidrio Oscuro" el padre le dice a su hijo que probablemente Dios tiene que ver con el amor, o que Dios es amor. En esa obra maestra que es "Fresas Salvajes" aparecen junto a la culpa y la amargura, el perdón y la reconciliación.  "La Fuente de la Doncella"  termina con un milagro, que equivale a un mensaje de Dios. Y en algunos de sus films aparecen elementos mágicos, como en esa maravillosa película que es "Fanny y Alexander", una obra de su madurez, donde lo sobrenatural adquiere una dimensión importante. 

   Al investigar en su vida, llegué a la conclusión de que Bergman ni siquiera era un agnóstico, como algunos comentaristas aseguran. En realidad fue atravesando diferentes períodos. Durante su edad madura, expresó con su arte la desesperación de la búsqueda de Dios insatisfecha. En uno de los libros publicados acerca de su obra y su vida, Bergman confiesa: "Un domingo de diciembre estaba escuchando el Oratorio de Navidad de Bach, en la iglesia... Los cánticos nos conmovían, en la intimidad de la iglesia que se iba oscureciendo. La piedad de Bach cura el tormento de nuestra falta de fe..."  Y también dijo: "Creo en Dios pero no en la Iglesia".
  Sus inquietudes, por otra parte, iban más allá (o más aquí) de la búsqueda de Dios. Como todo gran humanista, a Bergman también le preocupaba el ámbito de las relaciones humanas más íntimas y la evidencia de un mundo violento e injusto, en el cual Dios parecía estar ausente.  Dice en otro de sus testimonios autobiográficos: "¿Existe o no existe Dios? ¿Podemos, mediante la fe, alcanzar un sentimiento de comunidad y un mundo mejor? O, si Dios no existe, ¿qué hacemos entonces?" 
  Durante su vejez esa búsqueda atormentada se había calmado y parecía haber encontrado  paz en su relación con lo Divino. La desesperación de sus films tempranos es la de un cristiano que no encuentra consuelo en su Iglesia, pero es posible que haya descubierto otros caminos hacia la espiritualidad y que en ellos haya encontrado verdades y consuelo. Y como suele suceder, al igual que el viajero que debe visitar otras tierras para poder amar la suya, se había reconciliado de algún modo con su religión de origen (Cristianismo Luterano). Repetidamente declaraba que esperaba ver de nuevo -en el más allá-  a su última esposa, de quien había enviudado. Y asistía con regularidad a la misa que se oficiaba en la iglesia de la isla de Faro, isla donde filmó muchas de sus películas y donde pasó sus últimos años. 

 Creo que la obra de este genial director sueco sigue totalmente vigente, porque expresa las más profundas inquietudes de todo ser humano consciente, en cualquier lugar y tiempo histórico.

  Por eso amábamos las películas de Ingmar Bergman...  


  Nota: habrá próximamente otro post con más detalles sobre las películas de                Bergman, en mi  blog Novela Espiritual.











sábado, 26 de diciembre de 2015

Sri Aurobindo vs. Sri Ramana Maharshi

Comparación entre las enseñanzas de Sri Aurobindo y las de 
Sri Ramana Maharshi

  
   G… está muy interesado en Sri Aurobindo, de quién parece saber bastante.        Estuvimos conversando sobre sus enseñanzas y él trató de comparar a Sri Aurobindo con Sri Ramana Maharshi… 
   Le dije que aunque los dos son muy grandes, no pueden compararse, porque sus transmisiones apuntan a algo muy diferente.

  A Sri Aurobindo le interesaba la evolución,  la transformación de los seres humanos y la transformación planetaria. Sus enseñanzas proponen eso: transmutar, divinizar la Tierra,  el descenso de lo Divino.

  Al Maharshi, en cambio, nada de eso le importaba. Él decía que lo que se mueve, cambia y progresa es la forma que la Vida habita, pero la Vida no cambia, es siempre perfecta, así que no necesita evolucionar.

   Siendo puro Advaita Vedanta, su transmisión invita a romper el hechizo del Samsara y la ilusión de que el cuerpo y los fenómenos son lo real. Y la única forma de romperlo es despertando a su irrealidad. 

   Pero Sri Aurobindo no buscaba romper el hechizo, sino perfeccionarlo. Había sido un político revolucionario antes de despertar a lo espiritual, y su enseñanza también tiene algo de revolucionario. 

   G… me preguntó quién me gustaba más. Tardé en responderle, porque era una pregunta difícil… 
   Finalmente le dije que me gustaban ambos, y que ambos son necesarios. 

  Es fundamental realizar, experimentar, que somos Espíritu, que todo en última instancia es Espíritu. Y  esa es la enseñanza de Sri Ramana Maharshi. 

  Pero también es importante manifestar con creciente perfección a ese Espíritu, en nosotros y en el mundo, y esa es la enseñanza de Sri Aurobindo. 

   A G… pareció gustarle mi respuesta.


Fragmento de la novela, aun inédita, Peregrina en la India


Aclaración: este fragmento, como el resto de la novela, está registrado en la Dirección Nacional del Derecho de Autor de la República Argentina. No puede ser copiado o repetido (excepto citando la fuente y su autora).  

  





martes, 9 de junio de 2015

La búsqueda de la felicidad



   Todos, de un modo o de otro, buscamos la felicidad, ese estado casi siempre fugaz que nos hace amar la vida y aferrarnos a ella. 
   Y según cual sea la dimensión de la experiencia que nos importe, así será aquello que nos aporte felicidad. 
   Pero el resultado no será el mismo en un caso o el otro, dependerá de lo que busquemos. 
   Los que buscan una felicidad muy asociada a lo perecedero experimentan, junto al éxito y los logros, una enorme inquietud: la lucha por mantenerlos, el temor a su pérdida… Incluso el amor trae inquietud, porque puede malograrse: los seres queridos pueden alejarse o morir. 
   Por lo tanto, cuanto más independiente sea nuestra felicidad de objetos externos, menos sujeta estará a la ansiedad que ocasiona el miedo a perderlos. Como dijo Buda, el sufrimiento está asociado al deseo, y es mediante la extinción del deseo que dejamos de sufrir. 
   Pero… ¡qué difícil esto para la mayoría de nosotros, los seres humanos! Algunas personas, incluso, no aceptan los dolores de la vida y los llaman injusticias. Por ejemplo dicen: “Es una injusticia que una persona joven muera” ¿Lo es?... Sólo si creemos que la vida tiene que ser justa, que tiene que darnos lo que deseamos, o sea, darnos felicidad. 
     Pero lamentablemente, las cosas no funcionan así. La vida es lo que es… Y cuanto más independiente sea nuestra felicidad de objetos externos, menos sujeta estará a la ansiedad que ocasiona el miedo a perderlos. 
   Según A. Maslow, un importante teórico de la psicología humanista y transpersonal, la felicidad va unida a la autorealización, al pleno desarrollo de nuestras capacidades. Maslow afirma que si decidimos ser menos de lo que somos capaces de ser, seremos infelices.  Las personas que consiguen cierto grado de autorealización suelen vivenciar estados de felicidad más duraderos, y desarrollan una mayor capacidad de aceptación en los momentos difíciles. Además,  esa autorealización suele incluir cierta dosis de creatividad, la cual -además de ser sanadora- es también una fuente de felicidad. Y esto pueden atestiguarlo  todos lo que desarrollan actividades creativas. 
   Esa autorealización equivale a encontrar sentido para nuestra vida. Y cuando nuestra vida tiene sentido, tiene un propósito, sentimos una especie de alegría profunda que permanece por detrás de los demás sentimientos. 
    Pero ninguna felicidad puede igualarse a la experimentada por el contacto con lo Divino. Este contacto se da en mayor o menor medida en las personas que han despertado espiritualmente, que han tomado conciencia de esa Realidad que nos trasciende.
 ¿Y qué significa despertar espiritualmente? Es más que asomarse al mundo del espíritu, es más que leer y recibir información acerca de temas espirituales y esotéricos, implica comprensión desde la experiencia y alguna clase de transformación, por pequeña que sea.  
   La espiritualidad brinda una felicidad que no se pierde, sosiego y plenitud, porque se basa en lo que no es transitorio, en lo no perecedero. 
   Y además, aprendemos a fluir, a entregarnos, a danzar en armonía con la danza cósmica, porque logramos un estado parecido al de la felicidad que se llama contento, que es una forma de aceptación, de sentirnos bien con lo que nos va tocando en el aquí y ahora…. 
   Ese contento significa calma, y esa calma, que tiene mucho de desapego, es también una forma de felicidad, que suele ser mucho más estable y permanente.             
  Entonces… busca esa Felicidad que no es perecedera...


  
     
   
  
  

 


sábado, 11 de abril de 2015

Evocación: Padre Bede Griffiths




Padre Bede Griffiths, místico y monje (1)

   El padre Bede Griffiths es la primera evocación que quiero hacer en este blog, que entre otros temas, hace referencia a los místicos. Como mística que soy, he buscado a otros místicos a lo largo de mi peregrinaje, hermanos mayores, que pudieran aconsejarme, guiarme, comprenderme. Y entre ellos se destaca el inolvidable padre Bede, de quien conservo hermosos recuerdos, además de mi nombre Savitri, que recibí de él en una bella y sencilla ceremonia.
   Lo conocí durante el año 1983, cuando llegué a su ashram guiada por muchas señales que habían comenzado a aparecer ya antes de partir, y que se fueron repitiendo durante mis primeros meses en India. Y el tiempo que pasé en su proximidad fue un tiempo de plenitud, de comprensiones, de armónica y elevada energía. Esa era la atmósfera que se vivía en su ashram y de la cual  participábamos -en mayor o menor medida- todos los que allí estábamos.
   En este post me referiré a la época menos conocida del padre, no sus años de vida y actividad pública, de viajes y conferencias, de encuentros con líderes espirituales y religiosos, de publicación de libros, sino la época que precedió a todo eso: sus años de juventud y de nacimiento de su vocación, todo lo cual está testimoniado por él mismo en su libro The Golden String.
   Su autobiografía comienza con la descripción de una experiencia vivida en su temprana juventud, experiencia que como él dice “las palabras sólo pueden sugerir lo que significó.” Y así lo expresa: “… fui súbitamente consciente de otro mundo de tal belleza y misterio que nunca hubiera imaginado que existiera…”
   A partir de ahí fue frecuente en el joven Griffiths la vivencia de inusuales emociones al relacionarse con la naturaleza, principalmente al atardecer. Y la naturaleza comenzó a tener para él una cualidad sacramental,  como si estuviera en presencia de un insondable misterio.
   Estas vivencias, que pueden acontecer en circunstancias que las propician, nos “liberan del flujo del tiempo… sabemos que hay otra dimensión en la existencia… es algo más allá de las palabras lo que ha sido revelado.”
   Pero Bede Griffiths confiesa que esas primeras experiencias en vez de acercarlo a la religión lo alejaron de ella, incapaz de encontrar en las viejas fórmulas la presencia de Dios. En cambio intentó -con dos amigos de Oxford, donde estudiaba- un retorno a la naturaleza. Era el año 1930, cuando el mundo occidental parecía estar derrumbándose.
  Griffiths y sus amigos compraron una antigua casa de piedra, en un poblado entre colinas, y también un par de vacas que iban a proveerlos de leche. La casa era sencilla, no tenía ni agua ni luz (el agua se sacaba de un pozo común a todo el poblado) y la amueblaron con lo imprescindible, comprado de segunda mano o encargado a artesanos locales. Su propósito era prescindir de los productos de la revolución industrial, al menos tanto como fuese posible. Sus colchones estaban rellenos de paja, y se alumbraban con velas, las cuales les permitían incluso leer,  además de crear  “una atmósfera de indescriptible belleza”. La vajilla era de barro y cerámica, hecha para ellos por un amigo artesano, quien también era músico y experto en cultura china.
   Los jóvenes hicieron una huerta que los proveyó de vegetales y trataron de no usar nada que no fuera obtenido localmente. Así desaparecieron el café, el té, el azúcar y el tabaco.
   Sus vidas se ajustaron al ritmo natural. Se levantaban muy temprano, para buscar agua y ordeñar las vacas. No compraban periódicos, ni libros modernos, ni escuchaban música en el gramófono. Leían la literatura de los siglos XVI y XVII, e incluso anterior. Al principio usaban bicicletas, pero luego las descartaron y compraron un caballo. Y cuando Griffiths visitaba a su familia, lo hacía caminando, en jornadas que lo llevaban al modo de vida de siglos anteriores.
   Además de sus lecturas de antiguos filósofos, Griffiths comenzó a leer la Biblia, al principio solo con un interés literario. Veamos como lo cuenta él mismo:
   “La vida que llevábamos en este solitario poblado entre colinas, pasando mucho tiempo al aire libre, observando los cambios de estación y la rutina de la vida en las granjas cercanas, le dio a las historias de la Biblia una cercana realidad… El escenario del Antiguo Testamento era el  escenario de nuestras propias vidas…”
   Lector de los grandes poetas, percibió en algunas partes del Antiguo Testamento una calidad poética comparable a la de Sófocles o Shakespeare, debido a su profunda comprensión del sufrimiento humano. En el Libro de Job le pareció encontrar la esencia de la revelación del Antiguo Testamento:
   “No era una explicación racional de la naturaleza de Dios… era el registro de una experiencia, de un encuentro con Dios, la Suprema Realidad, que había cambiado la vida de los hombres… eran experiencias del alma que daban un nuevo significado a la existencia…”
   De allí pasó a la lectura del Nuevo Testamento, lectura que lo llevaría gradualmente al despertar de su vocación religiosa y a su inclinación hacia el catolicismo, lo cual iba en contra de su educación anglicana.
   ¿Y cómo terminó la experiencia de vivir en condiciones de extrema simplicidad?  “Nuestra actitud hacia la vida había sido cambiada radicalmente…” Los tres amigos tomaron rumbos diferentes en sus vidas, pero esa experiencia, que apenas había durado un año, los marcó para siempre.


Todas las citas son extractos de:
       The Golden String, an autobiography. Bede Griffiths. Collins. Glasgow.  


Estas fotos fueron tomadas entre febrero y marzo del año 1983, en el ashram del padre Bede Griffiths. Están escaneadas (en aquellos tiempos no había fotos digitales) y por eso la imperfecta definición. 

Evocación: Padre Bede Griffiths - continuación


Padre Bede Griffiths, místico y monje (2)

   Paulatinamente, se fue desarrollando en él un intenso misticismo. Este proceso, minuciosamente narrado en su autobiografía, lo fue conduciendo a prácticas de gran austeridad, como el ayuno, hacia el cual sentía una fuerte inclinación, en parte porque le facilitaba una mayor claridad mental, y también más fervor e intensidad en sus plegarias.
   Y aunque por algún tiempo volvió a llevar una vida aparentemente normal, al radicarse en Londres (para trabajar con los pobres) sintió al mundo que lo rodeaba como violentamente opresivo.
   Después de una serie de conflictos interiores, fue guiado internamente hacia un glorioso despertar. Y lo sintetiza así:
   “A través de todos estos años yo había pensado que había estado buscando a Dios… bajo las formas de la naturaleza… en la belleza que había encontrado en los poetas; en la verdad que la filosofía me había abierto… en la revelación del Cristianismo… Ahora repentinamente vi que todo el tiempo no fui yo quien había estado buscando a Dios, sino Dios quien había estado buscándome… Había renacido. Yo no era más el centro de mi vida, y entonces pude ver a Dios en todo.” 
   Enfrentado a las luchas y confusiones internas que la mayoría de los contemplativos padecen al despertar en ellos ese estado, se refugió en la lectura de los místicos de otros tiempos, y en el retiro en soledad para resolverlo. Encontró y alquiló una humilde casita en los bosques, sin luz ni agua corriente. Y tuvo que hacer frente a dos tendencias contradictorias en él: una que lo empujaba a crecientes prácticas ascéticas, como el ayuno y largas horas en oración, incluso durante la noche, y otra que le decía que no debía desequilibrarse. Después de mucho conflicto, la orientación interna le impuso un mayor equilibrio, y entonces dedicó parte de su tiempo a tareas sencillas en el campo, que se sumaron a sus prácticas contemplativas y a sus estudios.
   Distintas circunstancias lo condujeron a un monasterio Benedictino, donde descubrió “el secreto de la Oración”, la Oración como aliento de la vida, tan importante y cotidiana como el alimento y el sueño. Es en ese monasterio que Griffiths encontró el modo de vida que había estado buscando. Y es allí donde se ordenó como monje benedictino.
   Quisiera concluir este testimonio con alguno de mis recuerdos, que datan de 1983, cuando el padre Bede Griffiths ya era una figura pública,  ya había escrito la mayoría de sus libros, y mucha gente acudía a su ashram para conocerlo y pasar algún tiempo cerca de él.
   La generosidad con la que brindaba sus conocimientos y su tiempo todavía me asombra. Compartía todas las comidas con nosotros, daba tres misas diarias, una charla todas las tardes, y además estaba siempre disponible para escucharnos en privado si lo necesitábamos. Bastaba con acercarse a su pequeña y humilde morada, y esperar a unos pasos de distancia a que él  -sentado delante de la ventana- nos viera. Entonces, eran su sonrisa y un gesto, que invitaban a acercarse y hablar. Y en sus respuestas aparecía siempre la voz de la sabiduría, esa sabiduría que proviene de la comprensión hacia el otro, de la empatía.
   Emanaba de su persona una energía amorosa, una bondad verdadera, algo que parecía venir desde su corazón y tocar el nuestro. Estar cerca de él era una bendición, y el tiempo que pasé en su ashram se encuentra entre los períodos más hermosos de mi vida.


   Todas las citas son extractos de:
       The Golden String, an autobiography. Bede Griffiths. Collins. Glasgow.             
          




En la primera foto de arriba el padre Bede está dando diksha (Iniciación)
En la foto del medio está Savitri Ingrid Mayer sentada en el pasillo de la biblioteca del ashram (Shantivanam)
Y la siguiente es el padre Bede caminando por los senderos del ashram
Todas las fotos son scaneo de los originales, y están tomadas entre febrero y marzo del año 1983, en Shantivanam, el ashram del padre Bede Griffiths. 

domingo, 7 de diciembre de 2014

Misticismo y Meditación



   Si bien existe un misticismo natural, que en algunos pocos se revela de un modo espontáneo, los estados místicos se logran, por lo general,  mediante diferentes prácticas ascéticas, entre las cuales la meditación es la más conocida, habiendo sido  desarrollada por muchas y diferentes Tradiciones.

  Ken Wilber declara que la meditación es un camino de trascendencia, de crecimiento:  “Meditación es evolución, es transformación… es un desarrollo más allá del ego” (El proyecto Atman). Osho, el famoso maestro hindú, afirma que la meditación a medida que avanza profundiza cada vez más y que no tiene límites, pues el misterio es insondable. Y también dice que “existir sin palabras es meditación” y que “la meditación sucede”.(Meditación: el arte del éxtasis)

  Hay tantas definiciones de qué es la meditación como métodos para ejercitarla, y aunque todos los métodos apuntan a la transformación de la conciencia, entiendo –a partir de mi experiencia- que la única manera de saber realmente qué es la meditación consiste en practicarla.

   Hay muchos métodos, y no todos son estructurados. A veces, cuando nos relajamos y contemplamos algo, como el paisaje, entramos en meditación (incluso sin saberlo). El ayuno y la danza también nos pueden hacer entrar en meditación, así como ciertas actividades en la  vida de todos los días. El  trabajo manual, un paseo contemplativo, una completa atención mientras desarrollo alguna actividad, escuchar música, cantar, y toda actividad creativa donde la actividad mental disminuye y fluímos con lo que hacemos, puede hacernos entrar en meditación. 

   Pero la práctica de la meditación lleva a diferentes resultados según sea nuestro esfuerzo y dedicación.

   Practicar de un modo consecuente pero ligero, produce sin duda resultados beneficiosos: serenidad, equilibrio, acceso a estados de plenitud; un desarrollo marcado y creciente de la intuición y la creatividad; desidentificación paulatina con el pequeño ego y apertura de la conciencia testigo. La atención, practicada en forma creciente, lleva al autodescubrimiento y éste posibilita la transformación.

   Claro que cuando la dedicación es mayor, en tiempo y en intensidad, se pueden alcanzar dimensiones transpersonales.

   Daniel Goleman dice que todas las técnicas de meditación llevan a “estados meditativos que trascienden los límites normales de la conciencia sensible y que son la base del misticismo religioso”. Estados meditativos que también llamamos estados alterados o trascendentes. “Prácticamente todo sistema de meditación reconoce el estado alterado como la meta definitiva.” (Los caminos de la meditación)

   Cuando seguimos un método y practicamos al menos tres o cuatro horas diarias, podemos alcanzar estados de conciencia inusuales, algunos totalmente extraordinarios, aunque esto requiere de una práctica disciplinada y constante durante largo tiempo, muchísimos años. O sea, demanda un gran esfuerzo. Ni siquiera los grandes místicos de la historia lograron sus estados de iluminación sin esfuerzo. Sri Ramana Maharshi pasó muchísimos años sin hacer otra cosa que meditar dentro de una cueva y Sri Ramakrishna estuvo a punto de matarse porque no le llegaba ninguna realización, aunque sus prácticas devocionales eran casi permanentes.  Las prácticas ascéticas de los santos cristianos del desierto son casi inconcebibles:  se metían en jaulas o arriba de columnas de varios metros, como San Simeón Estilita, quien permaneció treinta y seis años arriba de su columna. Y aunque nos resulte difícil de creer,  tuvo centenares de seguidores a través de los siglos, los cuales hicieron lo mismo.

   Sin embargo, los estados alterados  pueden llegar a veces sin esfuerzo, de un modo espontáneo. Lo que se llama “experiencia cumbre”, un estado transpersonal muy revelador y transformador para el que lo experimenta, pero de breve duración, se produce a veces sin una práctica que lo preceda.

   Dice Ken Wilber:  “Una persona puede tener una experiencia espiritual –una experiencia cumbre- casi en cualquiera de los estadios de su proceso de desarrollo… y existen condiciones muy diversas -momentos de júbilo, de pasión sexual, de estrés, de ensoñación onírica,de estados inducidos por drogas e incluso crisis psicóticas- que pueden permitir el acceso a las dimensiones superiores.” (Breve historia de todas las cosas)

  Y Wilber asegura que “…estos estadios superiores -que, en el pasado, han sido alcanzados por algunos individuos, los más extraños, los más avanzados, los más dotados, la vanguardia de su tiempo- pueden proporcionarnos ciertas pistas sobre lo que la evolución colectiva nos depara a cada uno de nosotros el día de mañana.” (Breve historia de todas las cosas)

    En suma:  el misticismo nos conduce a la vivencia de otras dimensiones del Ser, se rasga el velo que nos imponen los cinco sentidos, y nos asomamos a la Realidad.


  
  
  

martes, 21 de octubre de 2014

El trabajo esotérico y sus peligros



  Por trabajo esotérico entendemos al estudio y puesta en práctica de diferentes métodos y habilidades que intentan actuar sobre los planos no materiales de la realidad. La magia, la alquimia, el tarot, la quiromancia, la astrología, etc., etc.
  Esta práctica (además de otros objetivos), busca el desarrollo de poderes psíquicos, tales como una fuerte intuición, telepatía, precognición, lectura del aura, sanación energética, y otros.
   Y como a menudo se convierte en una práctica profesional ejercida en relación a  otras personas, requiere un trabajo interno riguroso y una conducta ética por parte del que la ejerce.
  Una persona puede ser espiritual pero no tener interés en lo esotérico. Lo contrario, en cambio, no es posible. Al incursionar en el terreno oculto, hay que poseer algún grado de espiritualidad, haber realizado trabajo sobre sí mismo y conocerse en profundidad, para evitar proyecciones y manipulaciones al trabajar con los demás. Por ejemplo, alguien que no ha superado sus desequilibrios psicológicos, no está en condiciones de realizar trabajo esotérico.
  El trabajo sobre sí mismo incluye varios aspectos, y se traduce en una purificación de todos nuestros cuerpos: un cuerpo físico sano, un cuerpo emocional armónico, un cuerpo mental equilibrado y un cuerpo espiritual expandido.
 El autoconocimiento y la sanación de los desequilibrios psicológicos son facilitados por la psicoterapia u otros métodos de autodescubrimiento. Y las prácticas espirituales elevarán nuestras vibraciones, perfeccionándonos y purificándonos. 
  En otras épocas, cuando el conocimiento oculto era verdaderamente oculto y las enseñanzas se transmitían de maestro a discípulo, el trabajo interno y la ética del practicante estaban asegurados.
  Pero hoy en día, el conocimiento oculto está al alcance de todos, y muchísima gente aprende mancias y diversos métodos de trabajo esotérico,  mediante libros o cursos de pocas horas. O sea,  no hay ninguna clase de control, excepto el que pueda ejercer el practicante sobre sí mismo, y que incluye sentirse autorizado (desde otros niveles de la Conciencia) para actuar en el terreno del ocultismo.
  Esto se llama impecabilidad, pero lamentablemente son muchos los que no lo tienen en cuenta.
 Es frecuente encontrar en los ambientes esotéricos a personas poco espirituales, que buscan el desarrollo de sus poderes psíquicos para ganar dinero, dominar a los demás o tener éxito en la vida. Y esto además de lamentable y triste, es peligroso, tanto para ellos mismos como para los demás.
   Es peligroso para los demás porque es difícil ayudar, orientar,  cuando no hay trabajo previo sobre ellos mismos. El que no se conoce a sí mismo, difícilmente puede conocer a los demás. El que no ve sus propias carencias, sus desarmonías, sus errores, no podrá verlos en los demás y ayudar en consecuencia.
  Es peligroso para ellos mismos porque el mundo oculto alberga todo tipo de Fuerzas, muy conscientes, y al entrar en contacto con esas  Fuerzas, si no hay impecabilidad en el practicante, dichas energías pueden actuar en contra de él mismo, causando desequilibrios psíquicos de toda clase, como también  desequilibrios y tropiezos en su vida cotidiana.
  Los ocultistas de todos los tiempos pusieron gran énfasis en la necesidad de  purificación, en la búsqueda de la perfección, en la rectitud moral como cualidad imprescindible.  
   Paul Brunton, en su libro Ensayos sobre la Búsqueda,  advierte acerca de los peligros del ocultismo, como el de “… usar los poderes de un modo que no es ético, a fin de alcanzar fines egoístas a costa (o incluso con perjuicio) de otras personas.” 
  Más de una vez, durante mis largos años como consejera holística, me enteré del reiterado daño que una práctica inescrupulosa, efectuada por personas sin suficiente madurez psicológica y espiritual, había causado en los consultantes.
  Todas las grandes religiones del planeta –sin excepción- han puesto el acento en la moralidad, en la conducta ética, como un precepto para cualquier persona.
  ¡Cuánto más necesaria será esta conducta ética para alguien que navega las aguas del ocultismo!
   Recordemos estas palabras del Dhammapada, antiguo texto de la sabiduría budista:
  “Si un ser humano ofende a una persona… el mal vuelve a él, como el polvo ligero que se arroja contra el viento.”


martes, 29 de julio de 2014

Energía, trabajo interno y sensibilidad energética




   Según los descubrimientos de la nueva física y las comprensiones de los grandes místicos de todos los tiempos y lugares, todo es Energía. No hay nada sólido en realidad, lo aparentemente sólido aparece así a nuestra percepción basada en los cinco sentidos. Cuando cruzamos esa barrera, mediante estados alterados de conciencia o mediante instrumentos, descubrimos que no hay solidez sino una danza vibracional, un eterno movimiento que da lugar a todo lo que existe. La materia es un movimiento vibratorio, y toda unidad de materia, desde los átomos hasta las estrellas, es un campo energético.

  Y nosotros, los seres humanos, también somos en última instancia un campo energético, el cual está cambiando todo el tiempo, al interactuar con el ambiente y con los demás seres vivos. En medio a esa danza energética, afectamos, influimos, y somos afectados e influenciados.

  Hay investigadores que han desarrollado este tema en profundidad y entre ellos destacaría a la sanadora norteamericana Barbara Brennan (quien además de tener una formación científica es vidente). Lo que ella define como campo energético humano (nuestros cuerpos sutiles) es afectado por la interacción con los otros y a su vez afecta, y así como hay personas con campos más fuertes, más impermeables a las influencias, hay otras más sensibles. Y puedo testimoniar lo acertado de sus categorizaciones.

  Lo curioso es que la sabiduría popular ya lo había descubierto, y en todas las latitudes y tiempos hubo brujos que protegían de maleficios y conjuros, que curaban el “mal de ojo” y otras dolencias semejantes, y que eran bien conscientes de la forma en que nos afectamos energéticamente.

   Las muy recientes terapias energéticas, aunque incorporan elementos nuevos en algunos casos, están basadas en los descubrimientos de antiguas tradiciones, como la medicina china, la acupuntura, el sistema de chakras (descubierto desde tiempo inmemorial en la India) y otros conocimientos que vienen desde tiempos muy antiguos.

   Unos y otros coinciden en que para sentirnos bien, nuestra energía debe fluir de un modo armonioso. Toda perturbación en nuestro campo energético nos hace sentir mal y de muchas maneras, desde un malestar emocional (lo más común) hasta malestares físicos.

   El primer paso para que nuestra energía fluya armoniosamente, es registrar lo que nos hace mal y evitarlo, sean personas o situaciones o lugares.  No sólo el contacto físico puede perturbar, sino toda clase de contacto, aunque sea mediante el teléfono o internet.  Claro que por lo general, recibimos energía negativa sin saberlo..., del mismo modo que muchas veces la emitimos sin saberlo.

  Los síntomas más comunes de trastorno energético: cansancio, irritación, debilidad, depresión, hambre voraz, ansiedad, etc. Si estos síntomas aparecen súbitamente, sin una causa aparente (externa o interna) es muy probable que se deban a que nos han dañado energéticamente.
 
  Y también los lugares nos afectan, tanto positivamente como negativamente. Hay lugares donde la energía es benéfica, como parajes naturales o sitios donde se desarrollan actividades contemplativas y la energía tiende hacia la elevación o  transmutación (monasterios, templos, ashrams, etc.). Las grandes ciudades, sobre todos en sus núcleos más aglomerados, como las calles muy céntricas, serían un ejemplo de lo contrario, y algunas horas caminando por allí puede dejarnos en un estado de absoluto agotamiento, nerviosismo, depresión, etc.

   Y quiero referirme a un hecho, acerca del cual puede testimoniar toda persona que haya realizado trabajo interno durante cierto tiempo y en forma disciplinada. Y es que cuando avanzamos en el trabajo interno, nos volvemos más sensibles energéticamente, nos volvemos “sensitivos”, palabra que se usa para designar a las personas con capacidades psíquicas.

   Hay una minoría de personas que nacen con esas capacidades, para los demás es el trabajo interno (mediante técnicas de expansión de la conciencia) el que nos acerca a eso. Son los famosos siddhis, reconocidos en los antiguos sistemas de Yoga.

  Y esta sensibilidad es interesante pero también perturbadora. Por un lado se incrementan ciertas capacidades, como la intuición, la creatividad, la telepatía, la precognición, la capacidad de sanar a otros, etc, etc. Pero al mismo tiempo nos  volvemos demasiado vulnerables al ambiente y a la energía de los demás, que como hemos dicho, en muchos casos es dañina, causa bloqueos, e incluso –a veces- nos vampiriza.

  Lo curioso es que esta sensibilidad energética y estas nuevas capacidades, no traen consigo –de un modo automático- la capacidad inmediata para protegernos, y ésta debe ser desarrollada. La única ventaja que tenemos es que somos más conscientes y podemos registrar con mayor claridad lo que nos afecta, tanto positivamente como negativamente, pero nuestros sistemas están expuestos al igual que los de cualquier otra persona a las influencias energéticas, y aún más, debido a esa apertura generada previamente.

  Por eso debemos protegernos. A veces cierto aislamiento se impone, al menos en forma intermitente para armonizar nuestro sistema. El agua es el purificador por excelencia, como también todo ritual hecho con intención y en el cual confiemos. La oración y las visualizaciones son medios de protección maravillosos. No hay nada como el contacto con la Luz para protegernos, siempre que ese contacto sea honrado y respetado con una conducta coherente por nuestra parte.